Quinta sesión de “Padres en Compañía de María”

Los valores son como el alma de cada uno. Los tienes en el centro de tu corazón. Tu vida se mueve en función de esos valores, a los que das más importancia que a otros. Los valores de verdad son los que de verdad valen.

Al educar bien buscamos provocar en nuestros hijos apasionamiento por los grandes valores, por las grandes causas. Despertar en ellos el gusto por las cosas bien hechas, por lo bueno, lo bello, lo elevado…  meterles ese fuego en el corazón.

Nos decía el padre Julián que los valores se proponen, no se imponen. Enseñarles a tener un orden de prioridades, a saber darle a cada cosa su valor y que en función de esto elijan, que desde pequeños vayan dándole sentido, contenido y dirección a su vida…

Por eso, porque no podemos imponerles nuestros valores sino sólo proponerlos, debemos apuntar alto, lo más alto posible, a la hora de enseñárselos a nuestros hijos. Tienen que descubrir con sus padres la vida grande, con mayúsculas, la que merece la pena ser vivida y a la que podrán optar libremente en el futuro.

Mientras tanto, el mundo les ofrece otros valores, muchos muy atractivos a priori, pero que no dejan de ser baratijas que se desvanecen pronto. A nuestra sociedad actual hay que hacerle un análisis crítico muy fuerte. Pone a nuestros niños a competir entre ellos, y termina haciéndolos rivales; la sociedad de consumo les acostumbra pronto a gozar de lo inmediato; y muchas otras cosas que vemos todos los días en los medios de comunicación…

Debemos estar muy alertas en esto, darnos cuenta para advertirles, a sabiendas de que no podemos aislarlos completamente de esas ofertas o dinámicas.

Como viene insistiéndose en todas las charlas, somos nosotros los padres los que debemos tener un acertado orden de valores, para poder transmitírselo con nitidez a nuestros hijos, sin lugar a la confusión. Debemos tener en cuenta que es muy fácil pedirles que vivan unos valores y luego actuar nosotros de forma que no confirmamos lo que les decimos de palabra. Por ejemplo, si les decimos que atiendan con cariño a sus hermanos, y nosotros no los atendemos a ellos esa misma manera.

Y vimos alguno de estos valores que deberían estar a la cabeza del ranking. El valor supremo es el amor, que debe condicionar y dar sentido a todos los demás, y que lleva a la felicidad; el respeto a las personas, que debe empezar por el respeto a uno mismo; aceptarse como uno es, saber desde el principio que ninguno somos superhombres, sino gente muy normal, sencilla, que disfrutamos de lo que somos y lo que tenemos, y que nos gusta compartir con ellos nuestro tiempo, nuestras habilidades, etc; la solidaridad, la convivencia, amistad; la paz, la gratuidad y la gratitud…

Tras un animado debate, nos emplazamos para la última sesión de este curso, el jueves 7 de marzo. Allí nos vemos.

 

Vicente Romero.

AMPA Compañía de María.