Este relato que voy a contar me sucedió cuando yo tenía tres años:

Ocurrió a finales de abril o principios de mayo, época de la conocida “Feria del Caballo”, pero este hecho no me sucedió exactamente en la feria. Mi hermano había nacido, tendría unas dos o tres semanas, por lo que mi padre y yo no podíamos hacer mucho ruido en casa. A mi padre se le ocurrió la idea de ir al circuito de motos, sitio al que a mí me encantaba ir desde que tenía dos años. Nos fuimos al circuito, así dejábamos descansar a mi madre y a mi hermano. Se me olvidaba mencionar que mi padre y yo somos seguidores de un piloto: “Valentino Rossi”, el cual, se encontraba entrenando allí para las carreras del día siguiente, junto con los demás pilotos.

Los dos, llegamos al circuito; por la mañana, estuvimos viendo los entrenamientos realizados por distintos pilotos. Una vez terminados estos, no podíamos marchar a casa ya que se había formado una fila inmensa de coches y motos saliendo del circuito; por lo que mi padre y yo esperamos unas horas, para no tener que estar parados en medio de la carretera. Decidimos dar un paseo por la zona donde los pilotos descansan y almuerzan. Estábamos caminando cuando, de repente, vi pasar a Valentino en una “scooter”; iba a almorzar en su camión. Yo me encontraba sentada en los hombros de mi padre, pero, inmediatamente, bajé y me dispuse a seguir a mi ídolo.

Al ser tan pequeña, el guardia de seguridad que se encontraba en la puerta del camión, no se dió cuenta de que yo estaba entrando en él. El hombre estaba muy ocupado tratando de que nadie entrara allí. Mi padre no pudo pararme antes de entrar, y el señor encargado de la seguridad no le dejaba pasar, se creía que mi padre le estaba mintiendo. Por esto, mi padre tuvo que esperar en la puerta. Pasados unos cinco minutos, salí feliz del camión, mientras me seguía Valentino Rossi. Me dirigí a mi padre, y le dije: “Papá mira, aquí está tu amigo.” Yo creía que mi padre y él, eran los mejores amigos, estaba acostumbrada a ver fotos tanto de ellos juntos, como de él solo, colgadas por mi garaje o la academia. Valentino se empezó a reír, claro, él ya conocía a mi padre de otros años, el cual está acostumbrado a ir a todos los campeonatos, a aquel lugar.

Desde entonces, cada vez que voy al circuito en un campeonato, carrera, o entrenamiento, donde se encuentra este piloto, me mira y se ríe; pienso que se acordará de este hecho, ya que siempre me ve con mi padre. En consecuencia, mi padre no se atrevió a llevarme más, por si yo hacía alguna locura e intentaba colarme en un sitio peor. Ya que soy mayor, visito el circuito todos los años, todas las veces que puedo; y siempre tengo la suerte de encontrarme a Valentino, que me firma alguna que otra cosa que lleve en ese momento, o se hace una foto conmigo.

Ana Belén Grela, 4ºB.

Curso 17/18.