WP_20150218_13_05_28_Pro

El pasado miércoles 18 de febrero comenzamos la Cuaresma, y para ello todo el colegio desde los más pequeños hasta los mayores recibimos la imposición de la ceniza.

Las cenizas fertilizan el suelo y aportan nutrientes importantes para el crecimiento de las plantas. Tras un incendio, la vida vuelve porque el fuego esponja el suelo y convierte la madera en ceniza. Los antiguos pastores lo sabían bien y por eso provocaban incendios controlados para mantener a raya la vegetación leñosa, movilizar los nutrientes y mejorar así la calidad de sus pastos.

La Iglesia al inicio de la Cuaresma, nos pide que nos preparemos y nos dispongamos a entrar en este período de renovación personal que culmina en la fiesta más importante del año cristiano: la Pascua, el recuerdo de la muerte y la Resurrección de Jesús. Y para recorrer este camino de renovación se nos invita precisamente a “quemar” todo aquello seco y leñoso que hay en nosotros para dar vida.

Jesús en el Evangelio nos da pistas seguras para vivir la Cuaresma. Nos habla de tres maneras de actuar, o tres medios que nos ayudan en este camino hacia la Pascua de Resurrección: la limosna, el ayuno y la oración.

El ayuno, no es sólo privarnos de alimentos en ciertos días. Es más amplio e importante que eso. Se trata de privarse y prescindir de aquello que no está en línea con las orientaciones y exigencias que marca el Evangelio, potenciando en nuestra vida aquello que es voluntad de Dios, especialmente el ejercicio de la caridad.

La limosna ha sido siempre es una expresión concreta del amor al prójimo. Cuando la pobreza aumenta, el compartir se hace más necesario.

Y finalmente, la oración. Alguien ha definido la oración como “la respiración del alma”. Nadie puede vivir sin respirar. Así mismo, ningún cristiano puede llevar una vida cristiana de calidad, si no reza. Tal vez, la falta de oración sea una de las mayores causas, en una buena parte de cristianos, de la indiferencia y de la falta de coherencia en su vida.

¡Ojalá esta Cuaresma sea una oportunidad para convertir nuestro corazón, pues que el Evangelio se concrete en el mundo (en nuestra familia, en nuestro colegio, etc.) depende de cada uno de nosotros!