Desde hoy lunes podemos disfrutar de una exposición de obras de arte en el patio árabe de nuestro colegio. Se trata de una colección de pinturas relacionadas con el tema ferroviario pertenecientes a la colección privada del historiador y crítico de arte D. Bernardo Palomo. Os dejamos con la introducción que él mismo nos ofrece:

El Arte encontró una gran veta de riqueza absoluta cuando el ferrocarril hizo su aparición en la segunda mitad del siglo XIX. A la belleza manifiesta que se desprendía de su expectante realidad había que sumar la novedad que suponía y su majestuosa visión como motivo transformador del paisaje rural y urbano. Los artistas, desde un principio, lo vieron como especialísimo elemento conformador de sus obras. Los ejemplos en los que el tema ferroviario está presente son incontables. Basten, como simples referencias, la serie que el gran pintor impresionista francés, Claude Monet, hiciera sobre La Gare de Saint Lazare, de París o los cuadros con motivos ferroviarios del uruguayo Joaquín Torres García o ese otro, inquietante y enigmático, del americano Edward Hopper «House by the railroard» (Casa junto a la vía), por citar sólo tres artistas que pueden situarnos, bien a las claras, en uno de los capítulos más apasionantes del Arte.

El Ferrocarril y todo aquello que lo rodea encierra un abanico importante de posibilidades que atrapan la mirada del artista y lo lleva a introducirse en un mundo fascinante que genera las más insospechadas circunstancias plásticas y artísticas.

Esta pequeña colección, que nació con el atrevimiento de hacerse, en un futuro, grande, agrupa dos importantes asuntos: el propiamente ferroviario y el artístico. Cuando se nace en una familia donde el tren forma parte de la existencia diaria, con un padre, un abuelo, un hermano, varios tíos y numerosos primos pertenecientes, en sus más diversos empleos, a la profesión, cuando se ha vivido un gran número de años en el seno de la propia estación, cuando el tren ha sido, desde el primer día en el que se ve la luz hasta el momento, casi el único medio de transporte; y, además, si uno está enamorado de todo lo que encierra el tren, a la fuerza, el ferrocarril circula – nunca mejor dicho – por la intimidad de tu red sanguínea. A todo esto hay que unir la propia profesión artística a la que, de una u otra manera, se pertenece. Un compendio de circunstancias que han eclosionado en la conformación de esta colección que une dos amores imposibles de separar. el Tren y el Arte.

Las obras que configuran esta exposición manifiestan los diversos planteamientos estéticos que intervienen en el Arte Contemporáneo; dejando entrever los formularios más abiertos de una realidad artística que oscila entre los postulados reduccionistas de la abstracción y los amplios registros de la moderna figuración, esa que acoge en su seno los más variados esquemas de una representación con muchas diferentes posiciones. La pintura, la escultura y la fotografía unifican sus estamentos para crear un cuerpo artístico donde la creación contemporánea, en su más estricto sentido, deja constancia de sus ilimitadas proposiciones.

Bernardo Palomo

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