Segunda sesión de “Padres en Compañía de María”

La tarde de ese jueves 8 de noviembre invitaba a estar en casa: llovía y hacía viento. ¿A quién se le podía apetecer quedarse en el colegio para una charla? Si la primera sesión dedicada a Santa Juana tuvo bastante éxito, ésta, al menos en lo numérico, iba a flaquear bastante. Así pensaba mientras paraguas en mano y con los pies metidos en un constante charco, me dirigía al lugar convenido.

Hombre de poca fe, me dije horas más tarde. ¡De nuevo un nutrido grupo de padres! Y de nuevo un buen puñado de niños tomando el camino del entretenimiento magníficamente controlados por el monitor y Alberto Pujol, del AMPA.

D. Julián Bartolomé, que tomaba el relevo del seminarista D. Juan Antonio Vital, comenzó a contarnos. No iba a decir nada nuevo, recuerdo que dijo al principio. Empezó a darnos consejos: cómo actuar con los hijos, que deben sentirse queridos, que hay que abrazarlos, besarlos y piropearlos, dónde debemos poner especial atención para educarlos mejor… todo con muchos ejemplos y anécdotas, incluso con citas que te ponían el corazón en un puño, mostrando cómo se siente un niño cuando su padre o su madre no le hace caso, o no lo respeta delante de la gente.

Al final me preguntaba: pero, ¿no iba a hablarnos del “valor de la persona humana”? ¿no era ese el título de la charla? ¡no ha hecho ninguna referencia a ese valor! Esperaba que nos hablara de su dignidad, o algo por el estilo. Pensé que había cambiado la organización de las charlas, y que directamente nos hablaría de la educación en seis sesiones, sin distinguir mucho cada una.

Aquella misma noche le eché un vistazo al guión que nos repartió, no sé si adrede, al final de la charla: educar es ayudar a formarse como hombres y mujeres completos; los hijos necesitan que los padres se quieran; la letra con cariño entra; ser niños con los niños, adolescente con los adolescentes; el camino es el encuentro y la convivencia; para que amen al prójimo tienen antes que amarse a sí mismos y para eso estamos nosotros; ser pródigos en el elogio y parcos en la crítica negativa; no compararles con otros; respetarles igual que respetamos a nuestros amigos; control de los medios de comunicación…

Son pistas para actuar con nuestros hijos, sí. Y pistas que llegan al corazón, que son verdad, pero ¿y el valor de la persona humana que nos anunció? Recapacitando, pensé que una educación tan esmerada, tan delicada y atenta como nos la cuenta Julián se le da sobre todo a alguien destinado a ser alguien muy importante (un príncipe, por ejemplo). Pero mi hijo seguramente sólo llegue a ser él mismo… ¿sólo? ¿te parece poco? ¿no es eso lo que te ha enseñado Julián hoy, sin decirlo directamente? El valor de cada uno de nuestros hijos es ¡infinito! Por eso debemos estar a su lado para que aprendan a ser fieles a ellos mismos… “al precio que sea”, como decía Julián.

“El Reino de Dios se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo”.

Vicente Romero.
AMPA Compañía de María.