Cuarta sesión de “Padres en Compañía de María”

Por fin llegaba el título más sugestivo del programa, para mi gusto: la felicidad. ¿Cómo hago yo para ayudar a mi hijo a ser feliz?, ¿cuáles son las claves?. Ya las preguntas que nos lanzaba el padre Julián antes de la charla me inquietaban: “¿Exponemos ante nuestros hijos las razones que tenemos para ser felices? Enumerémoslas”. Pero…  ¡si no me las sé decir ni siquiera a mi mismo!

Educar es el arte de enseñar a ser feliz. Es la meta que todos queremos para nuestros hijos. ¿Cómo se hace?: “Si quieres hacer a tu hijo infeliz, dale todos los mimos, consiéntele todos los caprichos y no le enseñes a renunciar”. Parece paradójico: un niño mimado es lo contrario a un niño feliz.

En la revolución estudiantil del 68, hicieron una pintada que decía: “nos habéis llenado la barriga, pero no nos habéis dado razones para vivir”. Los suicidios de jóvenes se deben en muchos casos a que sus padres no les pusieron límites, no habían preparado a sus hijos para las renuncias. Lo cómodo es darles lo que te pidan, para evitar conflictos. Aunque lo que reclamen sea atención, cariño, solemos ofrecerles a cambio televisión, videojuegos, objetos de consumo.

Enseñarles el camino de la felicidad tiene un precio para nosotros los padres. La Madre Teresa de Calcuta decía: “la fe es pobreza, la pobreza es libertad y la libertad alegría”. Por ahí van los tiros: A la felicidad por la libertad, y a la libertad por la pobreza.

 Para ser libres y ser austeros, y poder disfrutar de las cosas importantes de la vida, lo primero es educar la voluntad, antes la nuestra y también la de nuestros hijos. Estar alertas para no dejarnos llevar por la corriente del consumismo, del pasotismo, la inconstancia… Una voluntad que nos haga libres, dueños de nuestros propios actos. Tener “vigor psicológico” para superar dificultades, para ver siempre el lado positivo a las cosas…

A esto ayuda la pobreza, la austeridad. Siendo austeros se aprecian más las cosas importantes de la vida, incluso los objetos de consumo adquieren el sentido que realmente deben tener. Comentamos el caso de los regalos de Reyes: si hay muchos, los niños pierden interés… la cuestión no es tener mucho, sino saberlo disfrutar. Compartir es expresión de plenitud de vida y el verdadero camino de la felicidad.

Libertad. Los padres somos los primeros que debemos ser libres. Estar atentos a que no nos dominen cosas que nos hacen perderla: el consumismo o cosas como el whatsapp, que hace que estemos en los sitios sin estar realmente. Debemos ser libres para poder ofrecer a nuestros hijos nuestro tiempo, nuestra compañía, nuestra atención.

Me hizo pensar un comentario que hizo Julián de pasada: algo así como que el hombre empezó a ser libre (a ser feliz) cuando teniendo un puñado de trigo en la mano para comérselo, decidió negárselo y echarlo en el surco para que diera fruto. Justo lo contrario que el hijo pródigo del Evangelio, que pretendía gozar a toda costa.

Educar para ser, no para tener. Se da el caso de padres que trabajan el doble con el objetivo de asegurar un futuro para sus hijos… un futuro económico y de prestigio social. Olvidan que lo más importante es estar con los hijos, y que el verdadero triunfo es que lleguen a ser personas  íntegras, personas “como Dios manda”. ¿Nos hemos parado a pensar el significado de la frase?

Termino con lo que empezó Julián. Tenemos muchas más razones para la alegría que para la tristeza, muchas más razones para el optimismo que para el pesimismo. Sepamos vivirlo así y hacerlo ver a nuestros hijos. La vida está para disfrutarla siendo felices, con voluntad, con austeridad, con libertad, compartiéndola con los demás.

 

Vicente Romero.

AMPA Compañía de María.