EDUCAR EN LA FE

Sexta sesión de “Padres en Compañía de María”

Con esta sesión cerramos por este curso el itinerario de formación que comenzamos allá en Octubre. Han sido seis meses en los que hemos podido detenernos en algunos de los aspectos fundamentales para educar bien a nuestros hijos.

En esta última tratábamos la educación en la fe. Como ha venido insistiendo el padre Julián a lo largo del curso, somos los padres los que debemos educar en la fe a nuestros hijos, sin esperar a que sea el colegio o la catequista quienes lo hagan. En esto de la fe, además, debemos ser muy consecuentes y muy congruentes.

No basta con saber que es una misión especial que tenemos como esposos cristianos, sino que debemos estar convencidos de que la fe tiene un gran poder humanizador y que es fuente de la felicidad más genuina.

Es en el encuentro y la relación personal con Jesús de Nazaret donde la fe adquiere su verdadero ser, y no tanto en la asimilación de unas ideas externas que es fácil que resulten frías y ajenas a mi vida real. La fe toca lo interior de cada uno y por eso, y sólo así, es una “experiencia gozosa, alegre, pascual”. Siendo así, ¿cabe obligar a nuestros hijos? Es obvio que no.

Sí podemos hacerles ver con nuestro ejemplo que a nosotros nos sirve y nos llena. No va a servir exigirles que vayan a misa, por ejemplo, si no lo ven primero en nosotros. Podemos iniciarles en el camino y pedirles que nos acompañen, rezar de forma natural con ellos, o animarles a que elijan un grupo en el que puedan vivir su propio camino de fe aunque los amigos no estén en él.

También es bueno dejar que protesten, pero pidiéndoles que razonen por qué se quejan, y tratar de comprenderles. No nos puede agobiar el asunto de la fe de nuestros hijos: nuestra misión como en toda la labor de educación es sembrar, no recoger. No pretendamos tirar del trigo hacia arriba para que crezca más rápido.

En la puesta en común del final estuvimos hablando sobre todo de las misas, que en una mayoría no son atractivas para niños o jóvenes. Julián nos advertía de que los padres tenemos parte de culpa de que las misas a las que vamos no sean atractivas para nuestros hijos. Debemos pedirlo a los curas colaborando con ellos en hacerlas de otra manera. O buscar alguna que esté pensada para ellos.

Por cierto, que a raíz del debate asistí este domingo a una misa “distinta”, pensada para niños y jóvenes, pero no sólo. Estaba de bote en bote, pero merece la pena que probéis: oraciones compartidas, cantos… hasta powerpoint en la homilía! Es en Madre de Dios a las doce.

Por ahora, “Padres en Compañía de María” ha llegado a su fin. Mi sensación es que realmente ha merecido la pena. Hemos enviado una encuesta para recoger opiniones y propuestas, e ir preparando las sesiones del año que viene. Gracias por vuestra participación. Ánimo con el último tramo de curso… y nos vemos el que viene!

Vicente Romero.
AMPA Compañía de María.