Hermandad de la Cena.

Hace ya sus años, esta devoción que nuestra semana mayor genera, me acogió para ser parte de ella.

Aún recuerdo ese deseo impaciente de la primera jura que hice en mi hermandad de la Cena. Desde entonces, cada año me preparo cada vez mejor, esperando la llegada del bendito Lunes Santo. Cada año, mi abuela prepara su casa con un alegre nerviosismo para recibir a su particular cortejo de nazarenos y monaguillos que con sus túnicas en brazos y el tiempo a contrarreloj, vuelven a notar la sensación de un año más, volver a anudar los cíngulos. Todos preparados y con nuestras estampas repartidas, nos ponemos en camino hacia el templo de San Marcos…

Ya se pueden divisar los capirotes rojos por Cristina y Porvera. Una interminable fila de nazarenos, aguardan la llegada de entregar su papeleta y pasar dentro. Que suerte la mía que siempre tenemos por ahí algún conocido que nos evita el pasar tiempo esperando bajo el potente sol de la tarde.

«Corre pasad pa’ adentro» nos susurra… En el interior se puede observar las miradas vidriosas de los más veteranos y otras impacientes que, con sus pequeñas sonrisas, esperan contentos su primera salida en la cofradía… Ya puedo sentir como la plata de su palio reluce impoluta para su gran día, y con mi mirada en la suya, encomiendo mi estación en Ella… En la capilla de la Virgen me aguardan mis cestas llenas de carbón e incienso que orgullosa cojo para ayudar a embellecer con un precioso olor el último tramo de la Madre de Dios. Las puertas se abren y el sol radiante refleja sus rayos en la cara del rey de San Marcos, su cuadrilla avanza con paso firme hacia la multitud que, tras una larga espera, aguarda a que el Cristo pise las calles de Jerez. Y por fin está en la calle, una ola de devoción inunda las huellas que la cofradía va dejando…y parece que se acerca nuestro momento. Los cirios blancos ya van a salir, la Virgen de la Paz está en camino y mi deseo de volver a ver su manto por la ciudad, vuelve a cumplirse. Qué nostalgia recordar esas calles tan estrechas, esa carrera oficial, los capirotes abandonando la catedral…

Y es que este año me he dado cuenta de que no va a ser igual. Una gran pena recorre mi corazón porque además tampoco podré sentir la compañía de la Virgen de la O, ni de ver cómo el Viernes Santo no transcurre en el puente de la Concepción, ni que la Soledad me haga emocionar en su paso por Tornería. Pero todo esto me lleva a pensar que nuestra semana sigue presente y que nuestros grandes titulares están cada año en nuestro corazón.

Todo esto tendrá su explicación y ahora nos toca ser valientes y aguardar a un nuevo año de más ilusión. Esto nos servirá para ver realmente lo cristianos que somos y demostrar la fuerza de hermanos que nos une por esta sencilla razón. Por eso me gustaría mandar un fuerte abrazo a todos los cofrades que soñaron con una nueva primavera, porque el año que viene será más bonita aún…

Antes de terminar, no puedo olvidarme de recordar a mi tío Jesús, ese que más bien conocen como «el Zurita», el culpable de que a día de hoy pueda acompañar a mis titulares. Gracias por enseñarme a amar tanto la Semana Santa y por estar pendiente de que nuestra familia pueda prepararse cada año para participar en sus respectivas estaciones de penitencia.

También me gustaría dar las gracias a mi cuñado Pablo, que cada año me avisa para que juntos disfrutemos de cada besamanos y que no nos quede ningún rincón cofrade que visitar.

Y dicho esto …. Ahora sí ….

A soñar ….

Ana Puerto Romero